El problema no es Osorio.

# El problema no es Osorio.
Lo que me cuesta trabajo entender en esto del apasionamiento futbolístico, es que por ningún lado encuentro a nadie que hable del problema de fondo del fútbol mexicano: LA ESTRUCTURA.

La estructura es ese animal raro, en el que se tiene que invertir mucho tiempo, dinero y esfuerzo para que rinda frutos. Es crear canteras, no para vender jugadores a Europa, sino para promover el deporte (en este caso el balónpie) como parte de un estilo y modo de vida, es decir, que se practique por el gusto de hacerlo primero que nada; después que ese gusto se pueda transformar en oportunidades, no de entrar a un equipo de 1era, sino de desarrollo personal, como una beca deportiva por ejemplo. Pasados esos dos “filtros” quien quiera seguir practicando el deporte con un enfoque profesional, podría entonces unirse a las fuerzas básicas, reservas, equipos de divisiones inferiores o con el esquema que se crea más conveniente, para empezarse a fogear en lo que significa y se requiere para ser un jugador profesional; claro, este proceso es importante se cumpla antes de los 21 aňos de edad, para que los jugadores que realmente consigan volverse profesionales aún tengan un proyecto interesante por delante.

Ahora, esto como un proyecto integral de formación de deportistas de alto rendimiento (no de futbolístas a secas) requeriría de la participación de autoridades gubernamentales, deportivas, dueňos de los equipos, organizaciones de la sociedad civil y hasta padres de familia para realmente prosperar como tal.

Claro que todo sería inútil, si en la liga profesional en México el cortoplazismo mal entendido como negocio, obstruye todos los espacios para estos profesionales en ciernes, favoreciendo con reglas obtusas la contratación de más y más jugadores extranjeros, por sobre canteranos. Un sistema en el que los negocios entre “representantes” de jugadores y los dueňos de equipos, presidentes, presidentes deportivos, subpresidentes vicedeportivos, técnicos, auxiliares técnicos y quien sabe que retahíla de puestos más; imperan sobre cualquier lógica deportiva y de desarrollo del atleta, generando los únicos resultados que sería lógico esperar, fracasos.

Por tanto, ni Osorio, ni Chepo, ni Vucetich, ni Lavolpe, ni nadie con un toque de su varita mágica “técnica” va a cambiar a la realidad que afronta históricamente el fútbol mexicano, como parte de la sociedad y cultura que le envuelve. Si no invertimos, trabajamos y perseveramos en desarrollar una estructura sólida para la producción de capital humano de calidad y en cantidad suficiente (en este caso en el ámbito futbolístico), pues no esperemos que al seleccionar a 23 de ese grupo de víctimas de la circunstancia, el entorno y de sus propias carencias nos vuelvan campeones del mundo; somos más bien campeones del garbanzo de a libra, el cortoplazismo y los escasos, muy escasos resultados. Y la única forma de romper este círculo y arrancar otro de fondo, es haciéndolo.

¿Alguien se apunta?

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