Realidades…

Vivo en el país del peatón que cruza la avenida a la sombra del puente peatonal.

Vivo en el país del motociclista que usa la línea blanca de la calle como carril.

Vivo en el país en el que la luz amarilla del semáforo significa acelera a fondo.

Vivo en el país en el que una caseta de peaje, una incorporación a una avenida o vía rápida son una invitación a hacer triple fila y a agandallar.

Vivo en el país en donde la “atención al cliente” significa poner a prueba su paciencia y tolerancia, dándole un sinfín de vueltas a cualquier solicitud para evitar ofrecer una solución.

Vivo en el país en el que un trámite público, por sencillo que sea, se convierte en un vía crucis infranqueable, en donde hay que ser tramitólogo especializado para no caer en las garras del moche y la mordida, creadora de caminos corruptos para concluir exitosamente un trámite u obligación ciudadana.

Vivo en el país en el que la productividad laboral se entiende como eterna permanencia voluntaria en el lugar de trabajo y no como garantía de resultados y costo-eficiencia en su obtención.

Vivo en el país en el que la autoridad, llámese policía, ministerio o juez imparten y/o procuran justicia en la misma medida y profundidad que tenga la billetera de la víctima.

Vivo en el país en el que el estudiante es la última prioridad para el maestro; la prebenda, el cochupo y los intereses de gremio son primero, después y al final.

Vivo en el país de la intolerancia hacia quien es o piensa auténticamente distinto, sin importar cuán justo o correcto sea.

Vivo en el país en el que la vida y el derecho a vivirla dignamente, valen menos que la ideología y el fanatismo mal entendidos y peor encauzados.

Vivo en el país en el que la ambición por el poder (de cualquier orden) es el modus vivendi de una buena franja, convirtiéndo su búsqueda a cualquier costo, en un valor, cuando debiera ser un antivalor, en donde la ética prevaleciera sobre dicha hambre de poder.

Vivo en el país de las eternas potencialidades y las interminables realidades precarias.

Vivo en el país en el que el la extorsión, el cohecho y la corrupción son el modo normal de hacer las cosas.

Vivo en el país del discurso y el rumbo autoritario disfrazado de liberal.

Vivo en el país que necesita del caudillo que decide unilateralmente simulando que lo hace a través de moderna democracia participativa.

Vivo en el país que celebra el “socialismo del siglo XXI” cuyos resultados erosionan el bienestar de millones de personas que son expulsados a diario de sus hogares y se ven orillados al auto exilio y a la precariedad.

Vivo en el país de la “legalidad”a modo de quien ostenta el poder, creando con ello un mal llamado estado de derecho.

Vivo en el país en que la dádiva y extender la mano significa (según quien prefiere vivir así) oportunidad, desarrollo y progreso.

Vivo en el país en el que el rumbo económico apegado a la escencia técnica y científica inherente a esta ciencia social, se ignora en pro del criterio político de tinte populista, retrogrado y anquilosado.

Vivo en el país en el que ricos y pobres se creen que a la sombra y por asfixia del poder se perpetúan sus respectivas condiciones, ignorando el innegable hecho de la condición humana llamado evolución y permanente cambio.

Vivo en el país que cree estar culturalmente destinado al drama, a la tragedia, a la ignominia, a la pobreza, a la mediocridad, al agachísmo, a ser el conquistado, el sobajado, el segundon.

Y sin embargo…

Sé que a pesar de todo existe un México resiliente, solidario, cálido, entrón, determinado, voluntarioso, responsable, productivo, inteligente, capaz, dedicado, imparable, cada día más cívico, cada día más ciudadanizado, cada día más consciente, cada día más participativo, cada día más informado, cada día más.

Espero, deseo y buscaré desde mi trinchera que prevalezca el país que sé que podemos ser, en donde la realidad no cancele al potencial de un mejor mañana.

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Expectativas…

Nunca antes había experimentado la volatilidad de expectativas que ha cimbrado a México en los últimos meses, como ahora.

Esta volatilidad de expectativas a la que me refiero, es multifactorial y por tanto, los resultados que de ello pueden emanar son multivariados igualmente y me intentaré explicar.

Existen distintas expectativas respecto a los efectos que pueda tener en México la política exterior y específicamente comercial, de la administración Trump; el juego de negociación del mandatario Estadounidense se enmarca en las nada sofisticadas reglas de las fuercitas, en donde dos oponentes tratan de vencer al otro empleando la mayor fuerza que sus músculos de brazo, antebrazo, muñeca y mano sean capaces de emitir. Para Trump, someter a su contraparte para que ceda a sus términos dentro de la negociación, es el nombre del juego y poco le importa si en el camino pisotea aliados, instituciones multilaterales que ha tomado décadas construir o hasta niños cuyo único “error” es haberse condenado al nacer en una familia pobre latinoamericana orillada a emigrar.

Así pues, enmarcada en esta estrategia negociadora y por elección de Trump, México, Estados Unidos y Canadá están entrampados en la redefinición del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (o TLCAN para los cuates); todo ello aderezado con los primeros visos de lo que apunta a ser una guerra comercial de Trump vs. el mundo entero.

Por tanto, existen en este tema expectativas de parte de optimistas que aseguran que la renegociación del TLCAN llegará a buen puerto, a pesar de los pesares, y sin estar exento de costos, este nuevo acuerdo encarrilará la posición estratégica del bloque comercial Norteamericano hacia el futuro, posicionándolo como uno de los más relevantes en el orden comercial internacional. Ahora, también existen los escenarios más pesimistas que hablan de la posibilidad de una salida de Estados Unidos del tratado y la negociación de tratados comerciales nuevos bilaterales México-Estados Unidos y Canadá-Estados Unidos, en lugar de una negociación tripartita, lo que claramente debilitaría la posición de México en la negociación y significaría que Trump ganó a las fuercitas, con todas las consecuencias económicas que ello significaría.

Entonces el tema aquí, es que en el proceso de formación de estas expectativas, mientras se cristalizan unas u otras, la volatilidad hace de las suyas y la incertidumbre hace presa de muchas decisiones fundamentales para la economía Mexicana, afectando variables fundamentales como el tipo de cambio, el riesgo país, las tasas de interés de referencia y las expectativas inflacionarias derivadas de esto. Por tanto, en la palestra internacional el panorama se vislumbra nublado con probabilidad de chubascos.

Si agregamos a esto las expectativas que forma, hacia adentro y hacia el exterior, el proceso electoral a concluirse en unos días, el pronóstico es reservado. Existen expectativas de nubarrones, anticipando que el resultado de la elección tendrá como consecuencia de corto plazo el enrarecimiento de los fundamentales macroeconómicos del país y de cristalizarse políticas públicas populistas, franco decaimiento de dichas variables en el mediano y largo plazos; regresando a la economía mexicana a ciclos de recesión económica y regresión económico-social. Pero también hay quien se forma en la fila de expectativas de cielos más despejados, a partir de la posibilidad de que quien gane defina políticas públicas menos radicales, permitiendo un grado rezonable de economía de mercado y respetando libertades económicas, políticas y social básicas.

Pero de nuevo, el tema en el proceso de formación de estas expectativas, es que, mientras llegan a realizarse unas u otras, el entorno se ve enrarecido por volatilidad e incertidumbre, lo que en el ámbito de la economía interna puede frenar inversiones, empleos y posibilidades de mayor bienestar para la población, que no se extrañarían ante un escenario en el que existiera mayor certeza.

Por lo tanto, en este entorno en el que la formación de expectativas está ciertamente enrarecido, lo que en economía suele traducirse en realidades; lo mejor que podemos hacer cada quien en su ámbito y en la medida de sus posibilidades es seguir la máxima de comportamiento racional ante un imprevisto como un sismo: “No corro, no grito, no empujo”. Esto es, no corro huyendo de expectativas que pueden ser o no ser acertadas, hay que tener templanza. No grito por el simple hecho de que alguien piensa diferente a mi o a lo que yo concibo como correcto, hay que tener tolerancia. Y no empujo durante el necesario reacomodo que van a tener las cosas durante el proceso de formación de expectativas y cuando estas se vayan transformando en realidades, hemos de practicar nuestra solidaridad y procurar la cohesión social. Obviamente, esto sin claudicar a nuestros valores y principios, ni a renunciar a permanentemente exigir resultados hacia lo interno y en los temas de competencia internacional, de quién sea que resulte votado y electo en los distintos órdenes de gobierno, pues como dicen por ahí, el día después de la elección, tendremos que salir adelante TODOS.

Mi Lección.

Cuando alguien escribe sobre algo que experimentó y lo hace en plural (aprendimos, hicimos, etc.) en mi opinión peca de ególatra, pues cree que puede hablar por los demás, cuando la experiencia única, personal e intransferible debe ser relatada en primera persona; por tanto, me dispongo a tratar de ordenar mis ideas, sobre lo que me dejan como lección los aciagos y sacudidos días que han ocurrido recientemente​.

En México que tiemble es “normal”, sin embargo, cuando un acto normal de la naturaleza cimbra todo a nuestro alrededor​ (literal y metafóricamente) nada respecto a ello puede ser sino extraordinario.

Es triste y sobrecogedor, cada vida que se pierde y lo duro que debe ser para quien le sobrevive a una víctima; pero es extraordinario ver como la gente se volcó desde el primer momento a ayudar a esas víctimas vivas o no, como fuera y con lo que se pudiera, desde cargar una piedra o alzar el puño pidiendo silencio, hasta donando algo en un centro de acopio o rescatando una vida de entre los escombros. El hecho fue, que la ayuda de la sociedad es abrumadora, honesta, solidaria y desinteresada, y mi lección de ello es, entender que tengo la fortuna de vivir en un lugar en que la gente es más generosa de lo que solía reconocer y en ello me reconozco a mi mismo, me enorgullece ser mexicano y deseo que esa generosidad se esparza y se reproduzca cuál espora y nos lleve a un estadio superior, en que civilidad, cohesión social, solidaridad y respeto se conviertan en pilares del México que merecemos. 

Es preocupante y dramático darse cuenta que miles de personas lo han perdido todo, en el plano material cuando menos, su patrimonio se perdió; sin embargo, hay otros miles dispuestos a proveer un hogar (que no por temporal, despreciable), a dar albergue y con ello ayudar a albergar la esperanza de una recuperación, una verdadera reconstrucción para forjar nuevos patrimonios que sean hogares de gente renovada en su valor cívico. Mi lección, entender que el hogar no solo se forja de adentro del núcleo familiar hacia afuera, sino también a la inversa, desde la sociedad hacia las familias, sean familias afectadas directamente o familias que hacemos nuestro el verdadero significado de solidaridad, adhesión y concordia hacia una causa auténticamente noble.

Todo esto es pues, una sacudida a lo más fundamental que entendía como nuestra identidad de mexicanos, sustituyéndolo por algo mejor, más sólido, mejor cimentado: la conciencia. La conciencia de estar aquí, de hacer algo ahora, de apoyar en la medida de mis posibilidades limitadas, pero no por ello desechables. 

Mi lección es entonces, que ante el dolor y la tragedia, lamentarse está de más; actuar en cambio ha lugar, para lograr encauzar a México y a quienes somos parte de él, hacia donde siempre debió tirar, hacia el civismo que puede darle el carácter de virtud al quehacer cotidiano de cuantos habitamos aquí; desdeñando con ello al corrupto, adicto, autocomplaciente y egoísta que vela solo por su interés, abriendo brecha hacia un mejor destino, en el que aún a pesar del desastre se logre ensalzar lo mejor que tenemos: nuestra humanidad.

El problema no es Osorio.

# El problema no es Osorio.
Lo que me cuesta trabajo entender en esto del apasionamiento futbolístico, es que por ningún lado encuentro a nadie que hable del problema de fondo del fútbol mexicano: LA ESTRUCTURA.

La estructura es ese animal raro, en el que se tiene que invertir mucho tiempo, dinero y esfuerzo para que rinda frutos. Es crear canteras, no para vender jugadores a Europa, sino para promover el deporte (en este caso el balónpie) como parte de un estilo y modo de vida, es decir, que se practique por el gusto de hacerlo primero que nada; después que ese gusto se pueda transformar en oportunidades, no de entrar a un equipo de 1era, sino de desarrollo personal, como una beca deportiva por ejemplo. Pasados esos dos “filtros” quien quiera seguir practicando el deporte con un enfoque profesional, podría entonces unirse a las fuerzas básicas, reservas, equipos de divisiones inferiores o con el esquema que se crea más conveniente, para empezarse a fogear en lo que significa y se requiere para ser un jugador profesional; claro, este proceso es importante se cumpla antes de los 21 aňos de edad, para que los jugadores que realmente consigan volverse profesionales aún tengan un proyecto interesante por delante.

Ahora, esto como un proyecto integral de formación de deportistas de alto rendimiento (no de futbolístas a secas) requeriría de la participación de autoridades gubernamentales, deportivas, dueňos de los equipos, organizaciones de la sociedad civil y hasta padres de familia para realmente prosperar como tal.

Claro que todo sería inútil, si en la liga profesional en México el cortoplazismo mal entendido como negocio, obstruye todos los espacios para estos profesionales en ciernes, favoreciendo con reglas obtusas la contratación de más y más jugadores extranjeros, por sobre canteranos. Un sistema en el que los negocios entre “representantes” de jugadores y los dueňos de equipos, presidentes, presidentes deportivos, subpresidentes vicedeportivos, técnicos, auxiliares técnicos y quien sabe que retahíla de puestos más; imperan sobre cualquier lógica deportiva y de desarrollo del atleta, generando los únicos resultados que sería lógico esperar, fracasos.

Por tanto, ni Osorio, ni Chepo, ni Vucetich, ni Lavolpe, ni nadie con un toque de su varita mágica “técnica” va a cambiar a la realidad que afronta históricamente el fútbol mexicano, como parte de la sociedad y cultura que le envuelve. Si no invertimos, trabajamos y perseveramos en desarrollar una estructura sólida para la producción de capital humano de calidad y en cantidad suficiente (en este caso en el ámbito futbolístico), pues no esperemos que al seleccionar a 23 de ese grupo de víctimas de la circunstancia, el entorno y de sus propias carencias nos vuelvan campeones del mundo; somos más bien campeones del garbanzo de a libra, el cortoplazismo y los escasos, muy escasos resultados. Y la única forma de romper este círculo y arrancar otro de fondo, es haciéndolo.

¿Alguien se apunta?

Una reflexión (a)política.

# Una reflexión (a)política.

Siempre me he autoproclamado orgullosamente apolítico y pragmáticamente apartidista, sin embargo, a últimas fechas he reflexionado que esa autoproclama resulta ser una total falacia y me explico.

A la luz de los eventos de la actual coyuntura, que los tiempos electorales marcan (elecciones en el Estado de México, el camino al 2018, etc.) me doy cuenta de que siempre he votado y participado de la vida electoral, lo que entonces significa que en definitiva apolítico no soy. Tal y como, ya desde tiempos inmemoriables, Aristóteles estableció con su “zoon politikon”, casi por naturaleza somos seres políticos, cívicos y sociales.

Claro, pero todas estas son virtudes del ser político Aristotélico y en México en cambio, el llamarse político es sinónimo de sucio, tranza, abusivo, ladrón y cuanto adjetivo despreciativo se venga a la mente; esto en mi opinión es uno de los grandes problemas de nuestro sistema político, electoral y hasta social.

El ser político (miembro de la polis/ciudad) para Aristóteles hacía a quien poseía esta característica, alguien que trasciende a su ser social y a través de la vida entendida desde la comunidad desarrolla la virtud de la civilidad (civilización = progreso).

Entonces, regresando a mi argumento inicial, si me declaro apolítico, me condeno a ser alguien involucionado, cuando menos desde un punto de vista filosófico. Por lo tanto, no soy apolítico y luego entonces, en términos prácticos tampoco soy apartidista, pues el sistema político en el que vivo se organiza y entiende, a través del partido político (aún y con “independientes” de por medio).

Ahora, esta disertación para nada es una declaración de lealtad a un partido político u otro, es simple y llanamente tomar conciencia de que como ser político, insertado en mi entorno y consciente de la realidad que acontece en mi país, tengo que tomar partido; pues ello cuando menos me encamina en el rumbo de la virtud cívica a la que deberíamos aspirar en México; en donde ser político fuera sinónimo de honradez, integridad y justicia, no en cambio de todo lo malo cuanto pasa a nuestro alrededor.

Así que, si lees esto, siempre que puedas, sé político y toma partido, vota, denuncia, coopera, solidarízate con algo, ten causa (y efecto) pues es la única forma en que podemos transformar nuestro entorno para el bien común.

Panorama económico para México al cierre de 2016 (una opinión).

En el entorno internacional actual es realmente complicado hacer predicciones y si por ahí lee o escucha a alguien que predice que va a pasar en la economía de México o del mundo, tómelo con reservas.

Ahora el panorama económico que puede llegar a prevalecer, creo yo, está relacionado con 4 factores principalmente:

1. La “normalización” de la política monetaria de la economía de EUA. Esto significa que en función y a partir de la crisis financiera de 2008 los norteamericanos, en busca de reactivar su economía implementaron una política monetaria expansiva (quantitative easing ó QE1, QE2 y QE3) en donde, bajaron la tasa de interés de referencia a niveles cercanos a cero, o por debajo de cero en términos reales.Comprando deuda tóxica de las hipotecas de los bancos y financiando bonos públicos (bonos del tesoro), para inyectar dinero (muchos miles de millones de dólares) a su economía (y al mundo por la globalización), buscaban dos cosas, incentivar la inversión abaratando el costo del dinero (tasa de interés) y promover el empleo a partir de una mayor tasa de crecimiento económico fundamentado en dicha inversión, lo que a mediano plazo significaría un mayor nivel de consumo (factor fundamental de su crecimiento), reforzando con ello su tasa de crecimiento económico e iniciando un ciclo positivo de inversión-productividad-empleo-consumo-crecimiento. Entonces, la normalización de la política monetaria consistirá en retirar dólares (miles de millones) de la economía global, utilizando para ello la tasa de interés; así al incrementarse paulatinamente la tasa de interés de referencia en EUA los dólares dispersos en mercados de todo el mundo regresarán a la reserva federal en lo que se conoce como el fenómeno del “flight to quality”, en dónde el costo de oportunidad de mantener dólares se ve incrementado, con lo que los inversionistas buscan la seguridad de un rendimiento mayor en dicha moneda, para lo que la demandan más en los mercados de divisas a nivel intenacional, disminuyendo con ello las reservas de dólares de muchos países del mundo y disminuyendo, a su vez, la cantidad de circulante que esto significa para la base monetaria de EUA. Este fenómeno explica, en parte, porque en países como México, aún a pesar de contar con sólidos fundamentos económicos, se ha dado una depreciación del tipo de cambio frente al dólar estadounidense tan pronunciada en los últimos meses. Ahora, el aumento de la demanda, fundado en el ciclo positivo de inversión-productividad-empleo-consumo-crecimiento que debe significar una tasa de crecimiento económico más sólido en EUA, también significará para México un efecto positivo en sus posibilidades de creciemiento económico,en función de la compenetración comercial y productiva derivada del TLCAN. Por tanto, hay que implementar políticas públicas que busquen equilibrar lo que está ocurriendo en los mercados financieros (especialmente en el de divisas), con los efectos que tiene que sobre la economía real una mayor tasa de crecimiento en el vecino del norte.

2. Disminución de la tasa de crecimiento de China. Es indiscutible que el gigante asiático sufre una desaceleración en su tasa de crecimiento económico, lo que es discutible es el porcentaje del PIB que representa adecuadamente esta desaceleración; sin embargo, las consecuencias de esto ya se dejan sentir a nivel global, especialmente en los países en los que la exportación de materias primas son un componente importante en la cuenta externa del Producto Interno Bruto (i.e. Brasil o México). En el caso de México uno de los principales efectos que se resienten a partir de esto tiene que ver con el refuerzo que significa al ya de por sí deprimido precio del petróleo, la baja en la demanda de China de este energético. Esto sin omitir lo que a los mercados de “commodites” les puede significar esto, al tener que ocurrir ajustes hacia la baja en los precios de estos bienes para ajustarse a la nueva realidad, con menor demanda, generada en gran medida, aunque no exclusivamente, por la desaceleración de la economía China.

3. Europa, se encuentra en un en ciclo de estancamiento económico, es decir, muy bajo crecimiento económico en la región del euro; lo que sumado a las restricciones de política monetaria y fiscal que esta unión monetaria significa pocas posibilidades de salir del estanco. A lo que además habría que adicionar la enrarecidas perspectivas en función del Brexit, complicando aún más el panorama. Finalmente, aderezando el revoltijo hay muy malas señales del mercado financiero alemán (Deutsche Bank), lo que cierra el panorama hacia una recuperación económica sólida en el corto plazo.

4. Internamente, México se encuentra en un periodo de transición coyuntural, en donde el aterrizaje e implementación de las “reformas estructurales” legisladas y aprobadas en los años recientes aún están por probar su (minus)valía como motores del crecimiento económico. Así mismo hay varios factores que permanentemente tienen consecuencias en las posibilidades de crecimiento económico:

°Política fiscal desordenada y poco efectiva.
°Recortes presupuestales.
°Inseguridad (física, legal, patrimonial).

Por lo tanto, el crecimiento económico potencial en México seguirá estancado o en franca contracción mientras prevalezcan condiciones que no generen una recaudación suficiente y progresiva, acompañando esto de una política de gasto público con criterios de una auténtica promoción del desarrollo económico y social; en donde dada la alta dependencia de las finanzas públicas de factores no relacionados a la recaudación fiscal (i.e. precio internacional del petróleo), se hacen necesarios recortes presupuestales, que retiran recursos de rubros fundamentales para el crecimiento económico (infraestructura) y dejan intacta la inercia de gastos no productivos (gasto corriente); lo que agravado con la situación endémica de inseguridad que se padece en el país no crea las condiciones necesarias para poder aspirar a un mayor y más sostenible crecimiento económico.